Año 1980, Salamanca y su provincia tienen un gran número de constructores que ven en la región charra una gran oportunidad para crear nuevas viviendas. El centro de la capital del Tormes se convierte en un gran referente para crear nuevas edificaciones, comenzando a fraguarse lo que sería en un futuro, capital de la cultura a nivel nacional.
Entre todas las calles que conforman Salamanca, hay una en donde existe un edificio que ‘afea’ uno de los lugares más transitados de la ciudad, en la calle José Jáuregui. Seis plantas se alzan en la localidad salmantina en lo que hubiera sido un edificio muy fácil de vender, a pocos metros de la Plaza Mayor y con los principales comercios al alcance.
Por aquella época, rondaba en nombre de Juan Guerra junto a los Sánchez Ferrero en Salamanca, tal y como exponían en 1990 en EL PAÍS: “Manuel Sánchez Ferrero, a quien acompañaba Juan Guerra, se hubiera llevado a cabo si los socialistas hubieran continuado al frente del gobierno municipal de Salamanca”, algo que causó tanta controversia que el propio Jesús Málaga, ex regidor, se querelló contra la persona que vertió esas afirmaciones, Manuel Campo, antiguo concejal del Ayuntamiento de Salamanca.

Este edificio data de años anteriores, más en concreto en los años 80, cuando Juan Guerra decidió comprar esta parcela para construir un edificio de seis plantas. Al cargo de la construcción estaba una de las empresas más grandes que tenía Salamanca en este sector, la de los Sánchez Ferrero, que también tuvieron otros negocios por la capital charra.
Ante esto, y desconociéndose si la polémica de años después tuvo repercusión en esta construcción, se intentó por activa y por pasiva que saliera adelante, pero un problema de edificabilidad en los permisos del mismo hizo que se quedara a media, sin construir uno de los edificios más atractivos de comprar, por culpa de traspasar el límite.
Juan Guerra, hermano de Alfonso Guerra, el que fuera vicepresidente de Gobierno de España en el mandato de Felipe González, era el que estaba detrás de esta construcción y otras en la capital del Tormes, comprando varios terrenos en los que edificar. Aún se desconoce si algún caso en Salamanca fue a juicio, pero años después, y como refleja la prensa nacional: “Estuvo acusado por supuestamente utilizar un despacho oficial para realizar negocios, lo que más tarde haría que le costara el cargo a su hermano”, según informa ABC.
Más tarde, y según fuentes de la época “esto no se llegó a llevar a cabo porque queríamos hacer todo con la mayor transparencia”, por lo que el edificio se quedó sin construir hasta ahora. 1.772 metros cuadrados que han quedado en tierra de nadie y cuyas entradas se taparon para evitar la presencia de okupas.

Además, cabe destacar que este edificio ya no se podrá utilizar para nada debido a que la titularidad del mismo es de una figura privada, por lo que el Ayuntamiento de Salamanca no podría realizar nada en la zona a no ser que se cediese voluntariamente para alguna actividad.
Asimismo, nada parece que se vaya a seguir construyendo por un motivo, ya que la edificabilidad del mismo se traspasó al bloque contiguo, haciendo que se pudiera construir adecuadamente en el otro y que entraran a vivir diferentes salmantinos y salmantinas.
Por último, y destacar, los vecinos del lugar han indicado a SALAMANCA24HORAS que todo indicaría a que podría haber habido un problema de herencia que haya hecho que este edificio, en pleno centro y en un lugar privilegiado, quede totalmente deshabitado y como si fuera una mancha negra en pleno centro de la capital charra.
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